Los seres humanos somos apasionados, preocupados, interesados y solemos ponerle corazón a todo con lo que nos comprometemos, eso nos hace proactivos, cumplidores, creativos  y responsables; pero la moneda siempre tiene dos caras y se llama -Estrés-.

A veces, darle tanta importancia a algo, o asumir muchas responsabilidades en la cotidianidad por querer cumplir con todos, nos genera estrés y ansiedad. La sensación de ahogo con las cosas por hacer, el miedo a fallarle a quienes pusieron la confianza en ti, dudar de tus capacidades por no poder manejar una sobrecarga de trabajo… todos los seres humanos atraviesan en algún momento de su vida al menos un episodio de estrés profundo.

El estrés puede venir en dos presentaciones, dependiendo de la persona involucrada y de la circunstancia en la que se encuentre: eustrés y distrés. El eustrés es el lado positivo del estrés, nos ayuda a tomar las riendas de nuestros deberes y cumplirlos a cabalidad; nos motiva, nos incentiva y nos da fuerzas para seguir, logrando obtener buenos resultados.

El distrés, por su parte, es el que reconocemos con mayor facilidad. Es el que nos bloquea, el que nos deja en un estado de inercia, el que nos quita las ganas de trabajar, el que atrae pensamientos negativos, el que nos destruye poco a poco y nos enferma. El estrés es una enfermedad psicosomática, a la cual se le atribuye este nombre por desarrollarse en la mente y afectar también al cuerpo; se manifiesta de distintas maneras, distorsionando la calidad de vida que lleva el individuo en el momento del episodio.

El estrés a corto plazo puede ocasionar alopecia (pérdida del cabello), irritación de  la piel, dolores de cabeza y musculares, cansancio constante, náuseas, falta de apetito, tos, ataques de asma, etcétera; y, a largo plazo, una de las posibles consecuencias del estrés es la esclerosis múltiple.

El único remedio realmente efectivo para el estrés son los calmantes, pero estos podrían traer efectos secundarios, y el ser humano no debe ni merece vivir de calmantes. La solución más sensata para combatir el estrés es medir nuestras capacidades y ser sincero con nosotros mismos. El no poder afrontar todas las tareas o favores que se nos presentan día a día, no nos hace incapaces; por el contrario, demuestran que somos lo suficientemente inteligentes como para dejar ir los retos y obstáculos que nos harán más daño que bien.

Si dejas que el estrés se apodere de tu vida, incumplirás con todo lo que tienes pendiente, te enfermarás y tu calidad de vida decaerá; acepta los compromisos que sabes que puedes cargar, y deja que alguien más asuma el resto de las propuestas que ves a diario. Esto te ayudará a vivir más feliz, a conocerte mejor y a evitar que tu salud corra riesgos.